Entre 80 y 120 personas asisten al comedor de San Miguel

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Entre 80 y 120 personas acuden cada mediodía al comedor de la parroquia San Miguel, en Buenos Aires y Carlos Gardel, en Paraná, la mayoría personas en situación de calle, el 80% con consumos problemáticos, y la demanda cada vez es mayor, según evalúa Gustavo Horisberger, párroco del lugar.

-¿Es así? ¿Cada vez más gente va por un plato de comida?

-Sí, es así. Ha aumentado considerablemente la demanda, y es preocupante porque, además de la cantidad de gente que no tiene el plato de comida, son personas que han perdido la esperanza de salir adelante, de buscar otra forma de vida. Es decir, el plato de comida no es temporal o no lo ven como algo temporal, sino que ya lo han incorporado al ritmo de su vida, como parte de algo que, bueno, que es así, digamos. Y es lamentable eso. La lectura que uno hace es que ya han perdido esa capacidad de pensar en algún plan o algún proyecto para sus vidas, y eso me preocupa porque, además, son muchos jóvenes que vienen.

-En Cáritas siempre sostienen que es importante la ayuda inmediata, pero también la promoción humana. Acá, eso no se está viendo.

-Ciertamente. Esto siempre lo charlamos. Es como que estamos en el primer nivel de asistencia que lamentablemente no nos permite todavía pasar a un segundo nivel, en un nivel donde les ofrezcamos, además de un plato de comida, la posibilidad de prepararse para algún trabajo. Esto es difícil porque es como resignarse, y nos estamos quedando en este primer nivel. Pero, bueno, las cosas, en general, no están bien para muchas personas, y no solamente para ellos. Ellos sí, sin duda, necesitan esta asistencia primaria. Tampoco hay demasiadas posibilidades en el ámbito privado de generar trabajo.

-¿Cómo hacen para enfrentar a esa mayor demandan que tienen en el comedor?

-Nosotros, gracias a Dios, nunca hemos dejado de dar de comer. En algunos momentos, hasta podemos brindar un postre, con una fruta o alguna cosa extra, pero habitualmente es un plato de comida. En alguna oportunidad, y esto es así, de manera intermitente, en algún momento, cuando Cáritas es convocada para algún plan de financiamiento para comedores, por ahí recibimos alguna ayuda, pero es temporal o es así intermitente, digamos. Pero hay gente que nos dona dinero. Lo digo, y me pone contento de poder brindar un plato de comida, pero al mismo tiempo me produce dolor tener que hacer una cosa que, en definitiva, no termina de saciar a la persona de humanidad. Se van contentos, pero uno piensa: pucha, no puedo hacer más que darle un plato de comida.

-Imagino que apuntas a la cuestión espiritual. Pero hay otra dimensión, y es que la gente que busca el plato de comida en la parroquia también enfrenta consumos problemáticos, o problemas de salud mental, y ahí falta acompañamiento. ¿Es así?

-Sí, ese es un gran problema que está descuidado. Te diría que el 80% de las personas que vienen al comedor tienen consumos problemáticos. No podemos proveerles de una suficiente atención porque estas cosas nos terminan desbordando. Encima, hay leyes que impiden el abordaje. El tema de la salud mental es un problema grave, pero el Estado tiene como las manos atada para actuar, porque no pueden intervenir demasiado ni suficiente siquiera para poder encausarlos a un tratamiento. Además, tampoco hay instituciones o espacios para la recuperación de estas personas. En Paraná, no tenemos más que el Hogar de Cristo y la Casa Lázaro, y alguna otra organización.

-¿Cuál es el promedio de personas que asisten al comedor?

-Bueno, como mínimo diario son 80 personas, y como máximo alcanzado es de 120 personas. No sé cómo hacemos pero llegamos a asistir a todos. No sé como lo hacemos, pero lo logramos. La gente que viene a mediodía seguro encuentra un plato de comida. Si bien no hemos hecho un cálculo fino, pero el costo de un plato de comida ronda entre los $5.000 y $7.500 por persona. Pongámosle que nosotros gastamos el mínimo, $5.000 por personas. Y son 23 días al mes los que damos de comer.

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora

   Entre 80 y 120 personas acuden cada mediodía al comedor de la parroquia San Miguel, en Buenos Aires y Carlos Gardel, en Paraná, la mayoría personas en situación de calle, el 80% con consumos problemáticos, y la demanda cada vez es mayor, según evalúa Gustavo Horisberger, párroco del lugar. -¿Es así? ¿Cada vez más