
“¿Qué pasó? ¿Apagón digital?” La broma, irónica, salió de un funcionario de Itamaraty el lunes a la mañana, con un destinatario claro: Javier Milei, presidente de Argentina, que todavía no reconoció públicamente la victoria de Lula da Silva, presidente de Brasil.
El silencio no es menor. Lula consiguió anoche una nueva reelección y derrotó de modo sorpresivo a Flavio Bolsonaro, aliado del mandatario libertario y ganador de la primera vuelta hace tres semanas. En la región, Milei aparece como el único jefe de Estado que no reconoció todavía al ganador.
Mirá: si el silencio de Milei se extiende, el mensaje no queda en la diplomacia fina. Brasil ya lo muestra con ironía, y la región lo lee como un gesto político más que como un trámite.
La Cancillería, que este año salió rápido a reconocer triunfos ajustados de candidatos de derecha, como Abelardo de la Espriella en Colombia o Keiko Fujimori en Perú, también se quedó callada. El gesto suma tensión a una relación ya áspera entre ambos gobiernos.
Fuentes de ambos gobiernos afirmaron que “Todo va a seguir igual” y dieron por hecho que no habrá reconciliación en la cumbre del Mercosur, el 4 de diciembre en Montevideo, ni en el G20, en Mar-a-Lago, diez días después.
Desde el Gobierno destacan que, al margen de lo electoral, el vínculo comercial y diplomático sigue. “A nivel técnico se sigue trabajando y mucho”, repite una voz autorizada de la gestión libertaria. No hay novedades sobre el regreso de Daniel Raimondi, embajador argentino en Brasil, ni de Julio Bitelli, embajador brasileño en Buenos Aires. Raimondi fue echado por Brasil a principios de agosto; Bitelli aguarda instrucciones.
El dato no es menor: el vínculo bilateral ya está rebajado desde agosto a la categoría de encargados de Negocios. En ese marco, la ausencia de un reconocimiento pesa más que un simple protocolo.
El domingo, la Casa Rosada y la Cancillería evitaban precisar cuándo hablaría el presidente. Voceros auguraban un tuit, pero la previsión no se cumplió. Hubo, sí, un retuiteo presidencial de Juan I. Fernández, diputado libertario porteño, sobre el voto “zurdo” y los presos.
Fuera de micrófono, fuentes del oficialismo conectaron la demora con las palabras de Flavio Bolsonaro, quien denunció “fraude” por parte del PT y prometió pedir la anulación de las elecciones. También recordaron que el gobierno de Donald Trump no reconoció la victoria y que la diferencia de cuatro millones de votos es “casi imposible” de remontar.
Antes del gabinete de las 10, el único de la mesa política que opinó fue Santiago Caputo, asesor presidencial. Lejos de felicitar al ganador, dijo: “Los mismos que alertaban sobre ‘las derrotas de los oficialismos’ mañana van a cambiar de argumento y van a decir que se acabó la ‘ola azul’”.
La frase de Caputo no suena a cierre, sino a aviso. Si la demora busca esperar la presentación de Bolsonaro, el reloj ya corre y la diplomacia se complica.
La cuenta regresiva sigue: el 4 de diciembre se reúne el Mercosur en Montevideo y, diez días después, el G20 en Mar-a-Lago. Hasta entonces, el silencio argentino con Brasil no da señales de abrirse.
Milei no reconoció la victoria de Lula y la Cancillería tampoco. El silencio oficial tensa el vínculo con Brasil antes del Mercosur de diciembre.
