
Aunque lo prohíbe la Ley de Ética Pública, el Organismo Argentino de Acreditación (una cámara empresaria) y los laboratorios privados los instan a facturar “en paralelo” al organismo científico que ya no brinda los servicios. Los trabajadores del INTI rescatan la capacidad técnica a pesar del desmantelamiento libertario.
