Qué fue del cura que pagaba por favores sexuales

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“Querido monseñor. Hace tiempo que algo se inquieta dentro mío por haber callado en su momento. Le cuento esto que solo sabe mi madre y creo habérselo mencionado al padre Lalo cuando era mi director espiritual”.

El 27 de enero de 2016, MD le envió un extenso mensaje por inbox de Facebook al entonces arzobispo de Paraná, Juan Alberto Puiggari. Lo que le contó es estremecedor. “En el año 2000, yo me preparaba para el ingreso al Seminario Mayor y por entonces tenía cercanía con el padre Potoco Benavídez ya que él estaba como vicario en San Cayetano, y yo cada tanto asistía. Una siesta acudí a confesarme con Potoco y me dijo que fuéramos a su pieza para estar más tranquilos. Allí comencé a confesarme y noté una actitud rara en este cura”, le relató a Puiggari.

En secreto de confesión, Carlos Alberto Potoco Benavidez le hacía preguntas incómodas. “¿Te gusta el sexo?”; “¿Se te para el pene?”; “¿Cuánto mide?”; “¿Qué grosor tiene?”. No supo qué hacer, dio respuestas evasivas, no pudo salir corriendo de ese lugar. Quedó inmóvil. “¿Me lo podés mostrar?”, le propuso el cura. Después, insistió: que se lo mostrara, porque quería “besarlo”.

Zafó de la situación por un hecho providencial: de modo intempestivo, ingresó a la habitación el párroco Blas Corvalán. Entonces, sí salió corriendo. Tenía 23 años, pero pensó qué hubiera ocurrido si quien estaba en aquella habitación a solas con ese cura hubiera sido un menor de edad. “Yo salí corriendo y me fui al Sagrario de la parroquia a llorar y a preguntarle al Señor por qué me había pasado eso”, le dijo MD a Puggari.

Aquella confesión quedó trunca. MD ingresó al Seminario y mientras estaba en el Propedéutico lo vio a Benavídez. Por alguna razón, merodeaba el lugar. De modo insidioso, Potoco buscó acercarse. Lo evadió cuanto pudo.

Después, se enteró que Benavídez había sido trasladado a Río Negro y sintió alivio. Y descansó, confiado, en lo que Puiggari pudiera investigar. “Usted sabrá qué puede investigar o hacer. A mí no me arruinó la vida ni me mermó el amor a la Iglesia y el respeto por los sacerdotes”, le contó.


El 28 de enero de 2016, a las 16,24, Puiggari responde también por inbox de Facebook. Le dijo: “Mario lamento muchísimo lo que me contas, te lo agradezco  en nombre de la iglesia te pido perdón. Le doy gracias a Dios que no te haya hecho mal y que tengas una buena familia. No sé si estás en Paraná, pero si estas por acá me gustaría hablar con vos. Y si no, te pido permiso para poder hablar con Benavidez. Desde ya que me comprometo a investigar el tema. Un abrazo, gracias por tus oraciones y rezo por vos y tu familia”.

Abren investigación canónica a Benavidez

 

Benavídez estuvo en el Sur. Volvió del Sur. Y lo destinaron a la parroquia San Ramón Nonato, de Nogoyá, donde en junio de 2019 estalló un escándalo de envergadura.

Dos meses después de aquella charla entre MD y Puiggari, el propio entonces arzobispo de Paraná viajó a Nogoyá y puso a Benavidez al frente de la parroquia San Ramón Nonato.

El 11 de marzo de 2016 Puiggari puso en funciones a Benavidez en Nogoyá.

El lunes 10 de junio de 2019 la Iglesia lo retiró de Nogoyá.  Su última actividad pública había sido el 3  de junio de ese año durante un acto de homenaje a los bomberos, del que participó el entonces intendente, hoy senador, Rafael Cavagna.

Diez días después de haberlo separado del cargo de párroco de San Ramón Nonato de Nogoyá, el Arzobispado de Paraná anunció que abrió una investigación canónica sobre el sacerdote Carlos Alberto Benavidez, salpicado por numerosos escándalos sexuales.

Benavidez cargó con dos denuncias en la Justicia formuladas por dos hombres de Nogoyá: una la presentó el changarín José Sánchez, que reveló que el cura le pagó $1.000 por un servicio que primero fueron masajes y después terminó en una relación sexual. Y un papá divorciado, cuya hija asiste a la escuela parroquial, D.M., primero formuló la denuncia ante el propio arzobispo Juan Alberto Puiggari, y después fue a la Justicia.

Precisamente, a partir de la presentación formulada por escrito por D.M. ante el Arzobispado y «las versiones periodísticas», según explicó por esos días el vocero de Puiggari, el cura Ignacio Patat, y ante «supuestas conductas impropias del sacerdote Carlos Benavídez de la Parroquia San Ramón de Nogoyá, no relacionadas con menores de edad» ni con las instituciones educativas, “se ha iniciado la investigación canónica correspondiente ni bien el arzobispo tuvo contacto con la misiva”.

Y “a fin de facilitar la investigación iniciada por el Arzobispado, se ha solicitado al sacerdote que se mantenga por un tiempo apartado de hecho de la vida parroquial de San Ramón hasta tanto se esclarezca lo sucedido”.

Esa única presentación de la que habla Patat es la de D.M.

El 28 de mayo último fue un día clave. D.M. se lo encuentra al cura a la salida de una panadería, y en ese momento Benavidez “me pregunta por qué no fui más a visitarlo” para pedirle “un consejo espiritual”. Intentó zafar diciéndole que en cualquier momento iría, aunque el sacerdote lo urgió: que fuera ese mismo día, y así hizo D.M. El compromiso del cura fue hacerle un “test psicológico”. Fue a la casa parroquial cerca de las 20. “Me hace ingresar por la puerta principal que desemboca a un tipo salón, luego me hizo pasar para el fondo de la casa, que es un lugar donde hay una mesa y tiene su televisor”, describió en su exposición en los Tribunales de Nogoyá. La primera parte del “test” fue una indagación sobre la vida familiar, el divorcio, la relación con sus padres. Después de 50 minutos, D.M. pensó que la charla, y el “test”, habían llegado a su fin y decide levantarse y empezar a salir.

“En ese momento, Benavidez me dice: ´Pará, no te vayas. Si querés, hacemos el test psicológico´. Acto seguido, el cura se levanta y se dirige a su habitación, y le pide a D. M. que lo acompañe. Lo acompaña. El sacerdote le señala la cama y le recomienda:  ´Acostate, ponete cómodo´. El sacerdote se sienta junto a la cama e intenta calmarlo. “Me dice que me relajara. En ese momento yo estaba acostado. Me dice que pusiera mis brazos al costado de mi cuerpo. Me pide que cierre los ojos. Yo me ponía más nervioso. Me dice, textualmente: ´Comenzá a tocarte con tus manos todo tu cuerpo, y que las manos vayan donde quieran llegar´”, la frase del cura fue la última. D. M. montó en cólera y se retiró del lugar. Eso contó.

Después de tres días de desasosiego, D. M. empezó a averiguar por quién podría realizar un informe de lo que había vivido con el cura. Encontró a esa persona cuyo nombre decidió mantener en reserva. Fue quien le redactó el informe del incidente con el cura Benavidez que, después, fue enviado al Arzobispado de Paraná. Dos días después de haber enviado ese informe, el 8 de junio lo llama un tal “padre Mario” –¿Mario Gervasoni, secretario privado de Puiggari?-. El tal padre Mario lo tranquiliza y le promete que Benavidez sería “sacado” de Nogoyá en breve. Dos días después, el 10 de junio, Puiggari lo llama a D.M. y le cuenta que está “muy apenado”, que ya habían “tomado una decisión con Benavidez, que me quedara tranquilo”. Efectivamente, el lunes 10 de junio la curia retiró de Nogoyá al cura de los escándalos y lo mandó a cuarteles de invierno.

El cura de los acosos y los escándalos sexuales

 

MD se enteró del escándalo de Potoco y volvió a escribirle a Puiggari. Le hizo notar que “a las tres semanas aproximadamente de haberle contado lo que este hombre intentó hacerme en confesión, usted lo nombró párroco de San Ramón. Son cosas inentendibles para mí. Y en cierto punto dolorosas, ya que estas cosas se podrían haber evitado si usted tomaba en serio lo que yo le manifesté. Duele porque esperé su llamado o su cita para ir a fondo y que este mal cura no haga más daño. Pero no lo hizo. Entienda este relamo como un hijo que está enojado por la actitud de su padre. Que por lo visto no creyó en lo que le conté”.

Puiggari le contestó: “Mario sí te creí y tomé medidas, que reconozco que no resultaron. Me gustaría poder explicártelo”.

Va de suyo: MD no siguió adelante con su vocación sacerdotal en el Seminario de Paraná. Un informe adverso de uno de los superiores, el exrector del Seminario, el ahora arzobispo de Resistencia, Chaco, Ramón Dus, lo obligó a salir. Se casó y es padre.

Por lo demás, Potoco recibió el beneficio del olvido. En la Iglesia no pueden explicar su paradero ni su situación eclesiástica.

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora

 

 

   “Querido monseñor. Hace tiempo que algo se inquieta dentro mío por haber callado en su momento. Le cuento esto que solo sabe mi madre y creo habérselo mencionado al padre Lalo cuando era mi director espiritual”. El 27 de enero de 2016, MD le envió un extenso mensaje por inbox de Facebook al entonces