
La mañana de miércoles terminó en Toledo con una grave catástrofe ferroviaria: dos trenes de alta velocidad chocaron y las autoridades ya hablan de al menos 64 muertos. El balance inicial también incluye 80 heridos, aunque la cifra puede subir.
El choque ocurrió cerca de la estación de Urda, en Toledo, a unos 150 kilómetros al sur de Madrid, sobre la línea que une la capital con Sevilla. Según los primeros relevamientos, un AVE de Renfe embistió los últimos vagones de un convoy de Iryo que estaba detenido en la vía.
En total viajaban más de 540 personas en las dos formaciones: 397 pasajeros en el tren de Renfe y 147 viajeros y un bebé en el de Iryo. Es el segundo accidente mortal en menos de un año en la línea que conecta Madrid con Andalucía.
Una fuente con acceso a la investigación explicó que el tren de Iryo estaba parado cerca de Toledo por orden de ADIF, el gestor de infraestructuras ferroviarias, debido a un fallo en la señalización. Producto del impacto, dos vagones de la formación de Iryo descarrilaron.
Renfe informó que su tren había salido a las 8 de la mañana de Madrid rumbo a Sevilla y que sufrió el accidente entre Los Yébenes y Urda. Un pasajero, Jesús Jerónimo, de 54 años, contó que iba trabajando en su portátil y sintió una “aceleración muy bestial”.
El hombre relató que se empotró contra el asiento delantero y que vio gente despedida. Después de salir, notó que el tren estaba inclinado y que había muchos heridos y gente nerviosa.
La portavoz de Castilla-La Mancha, Esther Padilla, advirtió que las cifras pueden aumentar. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, envió condolencias y dijo que permanece en contacto con el ministro de Transportes y con el presidente de la región.
El alcalde de Urda, Manuel Galáns, dijo que Protección Civil pidió preparar un pabellón deportivo para atender a los pasajeros. Desde el Ministerio de Sanidad se movilizan recursos y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, movilizó SAMUR-Protección Civil y bomberos.
La magnitud del choque obliga a mirar más allá de la imagen de los vagones descarrilados. Cuando un sistema de alta velocidad acumula dos accidentes mortales en menos de un año, no alcanza con el dolor: hay que preguntar si la señalización y los controles dieron la respuesta correcta.
El golpe no fue solo contra el metal, sino contra la confianza de quienes suben a un AVE pensando que viajan rápido y seguros. En eso se juega la credibilidad del sistema: no alcanza con lamentarse, hay que explicar y reparar.
En Toledo, la emergencia se extendió a los servicios de salud, al municipio y a las administraciones. El pabellón deportivo pedido por Protección Civil debía ser preparado para atender a los pasajeros.
Por ahora, la prioridad es salvar vidas, asistir a los heridos y esclarecer por qué un tren embistió a otro detenido. Los servicios de emergencia trabajan en el lugar para atender a las personas afectadas, mientras las administraciones coordinan la respuesta.
Dos trenes de alta velocidad chocaron en Toledo, España, y las autoridades informaron al menos 64 muertos y 80 heridos. Más de 540 personas viajaban en las formaciones.
